La reciprocidad es la estrategia clave que compensa y equilibra nuestras deudas con el ambiente y así aprovechar mejor la energía universal.
«La Tierra no necesita sanar, somos nosotros los que la necesitamos. No tenemos que arreglar el planeta, solo nuestra relación con el mismo.”
Si aplicamos cuatro estrategias para recuperar el deteriorado ambiente: 1)Asociarnos, 2)Reciprocidad, 3)Alineación colectiva y 4)Gobernanza, las cuales toman en cuenta e integran las leyes de la energía del universo, podremos resarcir su vibrante condición, la que nos proporciona vida y la seguridad que necesitamos.
Reciprocidad para equilibrar la energía, la segunda estrategia clave.
Las abejas han sobrevivido por más de 100 millones de años gracias a su comportamiento sorprendente y nos invitan a descubrir las razones de su éxito, aunque muchos alegan que imitar a estos insectos primitivos, con un cerebro diminuto y esclavos de una «reina malvada», no tiene sentido.
Con unos 300 milenios de evolución, no somos la mejor demostración de un comportamiento colectivo ejemplar. ¿Será una utopía pensar que podremos comportarnos de manera similar a ellas cuando tengamos más tiempo para evolucionar?
Karl von Frisch obtuvo el Nobel de Fisiología y Medicina en 1973 por sus estudios de las abejas. Se focalizan en resultados para sobrevivir, operan modelos muy eficientes de organización social integrada. Controlan la evolución y cantidad de su descendencia y modifican la población: Más obreras, zánganos o una nueva reina cuando haga falta; quienes no hacen su trabajo son expulsados del panal.
Somos más poderosos que las abejas.

Los humanos disponemos de mayor capacidad corporal y mental para transformar la energía universal en lo que nos interesa; ¿acaso con nuestro colosal cerebro no podríamos equipararnos con estos insectos?
La reciprocidad en el uso de los recursos marca la diferencia, las abejas solo necesitan néctar para realizar todas sus operaciones; modificaron la evolución de las plantas coloreando las flores y exigiéndoles más azúcar y recíprocamente, favorecieron su polinización. Los humanos dirigimos la evolución de especies cuando transformamos gramíneas salvajes en trigo y guiamos la domesticación de animales, lobos y rebaños, para satisfacer necesidades alimentarias y de transporte.
Los múltiples recursos que manejamos los humanos nos exigen de una reciprocidad más amplia, una guía de la que no podemos prescindir: los bosques, la agricultura, la cría y otros recursos renovables y sus repercusiones en la calidad del aire, los suelos, las aguas y océanos, de los cuales dependemos para poder vivir.
Pero, por otro lado… somos más descuidados que las abejas.

La acción humana, sin embargo, ha sido perjudicial: pesticidas que eliminan insectos polinizadores, sustancias que no se degradan de forma natural, gases invernadero, fertilizantes y residuales que asfixian todo lo que vive en el planeta.
¿No podríamos, con nuestras capacidades humanas superiores, desarrollar algo que funcione mejor que esto tal como lo hacen las abejas?
Las abejas, como los humanos, son parte de este planeta con las mismas reglas de la energía: se persigue la eficacia, resultados a la medida de las necesidades de cada especie y la eficiencia presente en el uso de los recursos y su conservación, que están involucrados en la obtención de esos resultados.
No se trata entonces del tamaño del cerebro, sino del uso de las facultades que este confiere. Tampoco se trata de comparar organizaciones esclavizadas con humanos que exigen libertad para la suya; el ejercicio de la libertad radica en sobrevivir (la única manera para poder disfrutarla) y las abejas lo han logrado.
La reciprocidad indispensable.

Es la reciprocidad lo que nos faculta para manejar las situaciones con la inteligencia universal que utiliza la asociación y colaboración colectiva, por sus ventajas para la sobrevivencia (la eficacia) y el bienestar de la sociedad derivado de la reciprocidad (la eficiencia); esto mediante:
- El cuidado de todo lo que necesitamos para poder vivir: los bosques, el agua, los océanos, los suelos, la atmósfera, el clima, entre otros.
- El cumplimiento de las tareas que hemos asumido en la sociedad, nuestro aporte para forjar un futuro colectivo mejor, de forma tal que solo su incumplimiento podría justificar que se nos excluya de participar en los beneficios colectivos.
Ante la gravedad de la presente situación, trabajar por una sociedad inteligente que actúe con reciprocidad ambiental, más que una opción, es un fin en sí mismo. Ello es posible con las capacidades del cerebro humano para transformar más energía que las abejas para una sociedad también de mayor complejidad.
El universo nos advierte que el progreso individual no sirve de nada si no procuramos el bienestar de los demás, la clave para la sobrevivencia de la humanidad. La actitud personal hacia la reciprocidad, replicada cada vez en más personas… la clave para un ambiente sostenible
La crisis ambiental es un hecho y cada uno de nosotros, si desea su bienestar, requiere alinearse con esta acción colectiva para demostrar la reciprocidad de la raza humana con su naturaleza, la vía para poder aspirar al mejor futuro posible.
“Enfrentamos una emergencia climática mundial que nos exige convertirnos en optimistas obstinados, la forma de tener la convicción de que por difícil que sea, debemos y podemos estar a la altura del desafío.«
